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APRENDIZ DE ESCRITOR (1830-1838)

ISBN: 9788472230507
Gustave Flaubert (1821-1880), cuando empezó a los 22 años a redactar La educación sentimental, llevaba ya trece escribiendo y no precisamente cualquier tontería infantil. Porque Flaubert, según cuenta en Memorias de un loco, escrita a los 17 años, fue siempre un niño «extraño» ; solitario y soñador, fue siempre considerado «el idiota del la familia». La visión infantil y adolescente para quienes los hechos de la vida cotidiana -existencia, por cierto, bastante anodina en su caso- no han contado para nada ; «Mi vida es mi pensamiento» reconoce en las Memorias. Así pues, Flaubert, a los 17 años, ya no se considera un joven : «De niño, amaba lo que se ve ; adolescente, lo que se siente ; como hombre, no amo nada» y ya vive el desencanto, la angustia y la amargura del que lo ha vivido todo y no ha encontrado nada. De niño, había ansiado ya abrazar el absoluto, estado que sólo alcanzaría más tarde en el aislamiento y enel acto creativo de escribir. Toda la obra postrior de Gustave Flaubert (Madame Bovary, Salambô, Tentación de San Antonio, Tres cuentos, Bouvard y Pécuchet) está ya enraizada en estos textos juveniles, no sólo en cuanto a la temática, sino también en lo que se refiere a la escritura misma. Las célebres «incorrecciones» sintácticas - que entonces, podían atribuirse a la inexperiencia- están ya, en la mayoría de los casos, utilizadas intencionadamente. Encontramos, por tanto, aquí la obra de Flaubert en plena gestación, concebida en matriz romántica de la época y expulsada poco a poco de ella por la ironía y el sarcasmo que le inspiran la realidad cotidiana y el mundo burgués que le rodea, sin por ello desechar por completo aquellas constantes primarias. «Si, la tiranía pesa sobre todos los pueblos y siento que es hermoso liberarlos de ella ; siento mi corazón agitarse de gozo ante la palabra libertad, como late de terror el de un niño ante la palabra fantasma, y ni una ni otra son verdaderas. De nuevo una ilusión destruida, de nuevo una flor marchita». Esta reflexión, extraída de las Memorias de un loco, es más propia de un anciano lúcido y desilusionado tras una larga vida de luchas que la de un joven en el umbral de su vida.